Venus, como segundo planeta, sí puede presentar elongaciones máximas muy superiores a las de Mercurio, alcanzando entre 450 y 470 en cada una de ellas. Esa distancia aparente al Sol es suficiente para que, al contrario que Mercurio, sí podamos observar al brillante Venus sobre cielos oscuros, ya sean previos al amanecer o posteriores al ocaso. Eso y su elevado albedo, que es debido a la capa nubosa que le envuelve, muy reflectante para la luz solar, le confieren el título de astro más brillante del cielo, tan sólo superado por el Sol y la Luna. Por otra parte, debido a su relativa cercanía a la Tierra, su tamaño máximo es el mayor que podemos observar de todos los planetas.

Fases de Venus (AstrOrionis)
Tanto Mercurio como Venus pueden situarse alguna vez entre el Sol y la Tierra, por su condición de planetas inferiores. Es lo que denominamos “conjunción inferior”; la posición contraria, cuando se sitúan al otro lado del Sol vistos desde la Tierra, se llama “conjunción superior”. Al pasar de la una a la otra, Mercurio y Venus cambian de fase (grado de iluminación solar de su superficie) y de tamaño aparente. Curiosamente, cuando la fase es “decreciente” (pasa de un porcentaje de iluminación a otro menor), el tamaño es creciente y viceversa. Precisamente, las únicas características singulares observables en Venus son su fase y su tamaño, ya que la observación de Venus al telescopio puede resultar decepcionante: no se observa detalle alguno de su superficie, permanente oculta por una espesa capa de nubes.