Júpiter, el mayor planeta del Sistema Solar, es siempre un planeta brillante en el cielo pues al igual que Venus su densa atmósfera refleja gran parte de la luz que recibe del Sol. Cambia lentamente su posición entre las constelaciones, moviéndose sólo unos 40° en todo un año. Con un telescopio, en el disco blanquecino del planeta se aprecian bandas paralelas al ecuador de diferentes colores y composición química. En el hemisferio Sur destaca la Gran Mancha Roja, un vórtice anticiclónico de 25.000 x 12.000 km, con vientos de 400 km/h y más de 300 años de antigüedad.

Los satélites galileanos de Júpiter (Stellarium)
La observación de Júpiter siempre tiene como aliciente adicional la de los llamados satélites galileanos, los cuatro más grandes y brillantes de los muchos que el planeta posee, que reciben dicho nombre a causa de su descubrimiento por Galileo Galilei en 1610. Io, Europa, Ganímedes y Calisto aparecen siempre como cuatro pequeños puntos luminosos cambiantes de posición, pero siempre alineados con el ecuador de Júpiter. Desde nuestro punto de observación pueden pasar tanto por delante como por detrás del planeta, debido a la escasa inclinación (3°) del eje de rotación de Júpiter, lo que produce eventos asequibles a la observación de aficionados tales como sombras de los satélites sobre el planeta o bien ocultaciones. La revista Sky & Telescope proporciona una herramienta denominada Jupiter’s Moons ( https://skyandtelescope.org/