Un satélite artificial no es un objeto de los que tradicionalmente se ocupe la Astronomía. No se trata de cuerpos celestes, sino de artefactos puestos en órbita por el ser humano. Y eso sólo a partir de 1957, cuando la URSS puso en órbita el primer satélite, el Sputnik I, cuando de la Astronomía decimos que es la más antigua de las ciencias. Pero, sin embargo, desde hace décadas muchos aficionados, atraídos siempre por el espacio y por lo que vemos ahí arriba en el cielo nocturno, han desarrollado un interés por esta rama de la observación.

 Insignia de un club de observadores de satélites artificiales (EOSOC)

Insignia de un club de observadores de satélites artificiales (EOSOC)

La actual “reina” de todos los satélites artificiales, la Estación Espacial Internacional, está permanentemente habitada por astronautas desde el año 2000; este ya sería un buen motivo para observar un paso de la Estación sobre nuestros cielos, factible además a simple vista en numerosas ocasiones.

Hoy día podemos predecir con toda facilidad, gracias a herramientas online o a programas y aplicaciones gratuitos, el momento exacto y la ubicación de los satélites visibles con una precisión que invita igualmente a su observación. Es un reto utilizar dichas herramientas y comprobar que las predicciones sobre su aparición se cumplen. Otros casos de interés para los aficionados pueden ser los tránsitos de satélites por delante de los discos del Sol o de la Luna, o la obtención de fotografías que muestran la traza seguida por un satélite. Hoy día existen incluso clubes o asociaciones de seguidores, foros, páginas webs...