Aunque la tentación de toda persona que se acerca por primera vez al mundo de la Astronomía es la de hacerse lo antes posible con algún tipo de instrumento óptico que le permita escudriñar con detalle las maravillas que espera encontrar en el firmamento, tenemos que insistir todo lo posible que el primer paso debe ser saber reconocer con nuestros propios ojos, en la esfera de la que hemos hablado, los astros más fácilmente identificables de nuestros cielos.

Mapa estelar (Space.com)
La inmensa mayoría de los puntos brillantes que vemos ahí arriba, salvo contadísimas excepciones, están o parecen estar fijos siempre en la misma posición con respecto unos de otros, aunque todos ellos parecen moverse al unísono cada noche, como si estuvieran de acuerdo en mantener sus posiciones relativas a pesar de estar cambiando de lugar cada minuto que pasa.
Las figuras imaginarias y dibujos que las estrellas parecen formar en el cielo, que llamamos asterismos y constelaciones, son hoy día prácticamente las mismas que ya veían los egipcios, los griegos, los romanos… Esa constancia nos va a facilitar enormemente su reconocimiento, ¿pero significa eso que las estrellas permanecen clavadas en unos lugares fijos, resistiendo el paso de los siglos? Pues no, no es así, las estrellas no son “fijas” aunque a veces las denominemos así, todo depende de las escalas de tiempo y de espacio que consideremos; de nuevo la enorme distancia a la que se encuentran de nosotros es la responsable de que en el plazo de unos pocos siglos apenas notemos distorsiones en sus posiciones, pero tenemos que saber que con el paso de los milenios sí que notaríamos cambios en esas figuras imaginarias formadas por las estrellas.
Aprovechando ese aparente mantenimiento de las posiciones de las estrellas en la esfera celeste, hemos podido trazar mapas estelares de su situación que todo aficionado a la astronomía debería aprender a utilizar e intentar comparar con lo que sus ojos ven en el cielo, de la misma manera que podemos estudiar y memorizar el mapa de Europa, o identificar a nuestro alrededor lo que vemos representado en un mapa de carreteras.

Usando un mapa estelar (NASA)
Poco a poco nos iremos familiarizando con los aspectos de las constelaciones, sus nombres y los de las estrellas más visibles que hay en ellas. Sólo así estaremos realmente capacitados para dar más adelante el paso de buscar, mediante prismáticos o telescopios, elementos aún más escondidos en lugares remotos del firmamento. Las principales avenidas de una nueva ciudad a la que llegamos son más fáciles de reconocer y de familiarizarnos con ellas que los callejones pequeños y secretos que, para llegar a ellos, habremos de saber manejarnos primero por la red de calles principales.