Las nebulosas son gigantescas aglomeraciones de gas y polvo cósmico, de uno a muchos años·luz de diámetro, mucho más grandes que nuestro propio Sistema Solar, por lo tanto. En función de la razón de su aparente luminosidad pueden ser de distintos tipos: las de emisión, compuestas por gases con átomos ionizados, brillantes por sí mismas debido a la radiación que emiten; de reflexión, con gas y polvo frío que no tienen luz propia pero reflejan la de estrellas cercanas que les dan por ello su coloración, y las oscuras, llenas de polvo opaco a la luz visible, y que por ello las detectamos cuando destacan por delante de algún otro fondo luminoso, aunque se muestran transparentes a la luz infrarroja.

Nebulosa de Orión, M42, en la constelación del mismo nombre (www.skyatnightmagazine.com)
Un subtipo de nebulosa de emisión son las planetarias, formadas por las capas externas desprendidas en algunos procesos de “muerte” estelar, y que recibieron su en realidad poco apropiado nombre por su aspecto al telescopio, similar en diámetro aparente al de algunos planetas, si bien no tienen nada que ver con planeta alguno. En el catálogo Messier encontramos un total de 11 nebulosas.