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La observación de objetos de cielo profundo

Si partimos en un viaje interestelar desde nuestro Sistema Solar y nos vamos alejando del mismo, lo primero que encontraríamos en un radio relativamente pequeño son las estrellas más “cercanas”: aun siendo las más cercanas, están a cientos de miles o millones de veces el tamaño de nuestro propio Sistema Solar. Pero más allá de esas primeras estrellas, entre las más lejanas, empezamos a localizar otros objetos que se reparten algunos en el plano de nuestra propia galaxia y otros arriba y abajo del mismo.

Objetos de Cielo Profundo (Sky & Telescope)

Objetos de Cielo Profundo (Sky & Telescope)

Son los denominados Objetos de Cielo Profundo, un conjunto muy amplio de cuerpos celestes que, aunque tienen en común algunos aspectos observacionales, agrupan diferentes tipos de objetos completamente diferentes entre sí, como los cúmulos de estrellas (tanto los de tipo abierto como los globulares), las nebulosas y las galaxias. A diferencia de los planetas, cometas o asteroides, que cambian de posición con respecto a las constelaciones, los objetos de cielo profundo parecen fijos en las mismas, y a menudo reciben su nombre de la propia constelación en la que están enclavados. Muy pocos de estos objetos son visibles o al menos localizables a simple vista; en general para su observación hay que dar paso a los telescopios, o al menos a los prismáticos, y gozar de buenos cielos.

 

Charles Messier fue un astrónomo francés que vivió a caballo de los siglos XVIII y XIX. En su época existía un gran interés por desentrañar los misterios relacionados con los cometas: tenían órbitas muy diferentes de las de los planetas, aparecían de tarde en tarde, etc. Muchos astrónomos, entre ellos Messier, se dedicaban a la caza de nuevos cometas. En su afán por buscarlos, Messier elaboró un listado de objetos difusos visibles a través de su telescopio de 8 cm de diámetro, que podrían parecer cometas por su aspecto, pero que no podían serlo ya que su posición frente al fondo de estrellas fijas no cambiaba con el tiempo. El objetivo del denominado Catálogo Messier era identificar dichos objetos permanentes para que no fueran confundidos con cometas. Constaba de 103 objetos que posteriormente fueron ampliados a 110 por su colaborador, Pierre Méchain.

Charles Messier (1730- 1817), Wikipedia

Charles Messier (1730- 1817), Wikipedia

El catálogo Messier contiene galaxias, cúmulos globulares, cúmulos abiertos, nebulosas, y algún otro objeto de diverso tipo. Los objetos contenidos en él se nombran con una “M” mayúscula seguida de un número correlativo. Es con mucho la lista de objetos más conocida por los que se inician en la observación astronómica, aunque no es el único catálogo de objetos de cielo profundo ni mucho menos. Muy utilizados también son el catálogo NGC/IC (New General Catalogue / Index Catalogue) o el Caldwell.

Los cúmulos de estrellas denominados Abiertos (o también, a veces, cúmulos estelares) son grupos de estrellas asociadas, con un origen común en una misma nebulosa; se reparten por el disco de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

Cúmulo abierto de las Pléyades, M45 (Messier-objects.com)

Cúmulo abierto de las Pléyades, M45 (Messier-objects.com)

Al poderse distinguir en ellos estrellas puntuales independientes (a veces incluso a simple vista), son menos susceptibles a la contaminación lumínica y se pueden encontrar con relativa facilidad con el uso de prismáticos. El cúmulo abierto más conocido, perfectamente localizable a simple vista y que ofrece un magnífico aspecto con unos prismáticos, es el de las Pléyades, en la constelación de Tauro, con el número 45 del catálogo Messier. 26 de los objetos del catálogo Messier son cúmulos abiertos.

Los cúmulos globulares son agrupaciones muy antiguas de miles de estrellas (a veces millones) con forma esférica. A diferencia de los cúmulos abiertos se sitúan en el halo galáctico, por encima y por debajo del plano central de la Vía Láctea. Conocemos unos 150 cúmulos globulares en nuestra galaxia. Desde el punto de vista de su distancia a la Tierra son mucho más lejanos (entre 10.000 y 50.000 años·luz) que los cúmulos abiertos.

Gran Cúmulo de Hércules, M13 (Wikipedia)

Gran Cúmulo de Hércules, M13 (Wikipedia)

Su aspecto al telescopio es muy difuso, aunque con altos aumentos y con ópticas de buena calidad se pueden resolver estrellas individuales. Uno de los más conocidos y observados es el Gran Cúmulo de Hércules, Messier 13. El catálogo Messier contiene 29 cúmulos globulares.

Las nebulosas son gigantescas aglomeraciones de gas y polvo cósmico, de uno a muchos años·luz de diámetro, mucho más grandes que nuestro propio Sistema Solar, por lo tanto. En función de la razón de su aparente luminosidad pueden ser de distintos tipos: las de emisión, compuestas por gases con átomos ionizados, brillantes por sí mismas debido a la radiación que emiten; de reflexión, con gas y polvo frío que no tienen luz propia pero reflejan la de estrellas cercanas que les dan por ello su coloración, y las oscuras, llenas de polvo opaco a la luz visible, y que por ello las detectamos cuando destacan por delante de algún otro fondo luminoso, aunque se muestran transparentes a la luz infrarroja.

Nebulosa de Orión, M42, en la constelación del mismo nombre (www.skyatnightmagazine.com)

Nebulosa de Orión, M42, en la constelación del mismo nombre (www.skyatnightmagazine.com)

Un subtipo de nebulosa de emisión son las planetarias, formadas por las capas externas desprendidas en algunos procesos de “muerte” estelar, y que recibieron su en realidad poco apropiado nombre por su aspecto al telescopio, similar en diámetro aparente al de algunos planetas, si bien no tienen nada que ver con planeta alguno. En el catálogo Messier encontramos un total de 11 nebulosas.

Los objetos hasta ahora abiertos, globulares, nebulosas) se encuentran dentro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, es decir dentro de un diámetro de unos 100.000 años·luz. Cuando llegamos a los límites de la misma y nos adentramos en el vacío espacio extragaláctico, el siguiente tipo de objetos que podemos llegar a observar ha de ser necesariamente mucho más lejano: se trata de otras galaxias diferentes de la nuestra.

Galaxia de Andrómeda, M31 (Wikipedia)

Galaxia de Andrómeda, M31 (Wikipedia)

Hoy hemos identificado miles de galaxias, estando 40 de ellas recogidas en el catálogo Messier. Hasta bien entrado el siglo XX no se tuvo constancia de que aquel tipo de objetos de forma espiral, elíptica o irregular encontrados por los astrónomos eran en realidad exteriores a nuestra galaxia y no algún tipo de nebulosas pertenecientes a la misma. Hoy sabemos que, al igual que la Vía Láctea, son agrupaciones aisladas de miles de millones de estrellas.

Debido a su escaso brillo es muy recomendable buscar sitios de observación lo más exentos posible de contaminación lumínica y elegir noches sin Luna. Este requisito es especialmente importante para los objetos más difusos, como la mayoría de los cúmulos globulares, nebulosas y las galaxias. Sin embargo y como hemos dicho antes, bastantes cúmulos abiertos pueden admirarse con cierto grado de contaminación lumínica o en noches con luna. Se deben invertir unos 15 o 20 minutos iniciales en adaptar nuestra vista a la oscuridad, prescindiendo de toda fuente luminosa frente a nuestros ojos (faros de coches, linternas, teléfonos móviles...)

En cuanto a la elección de los objetos, cualquiera de ellos presentará una visibilidad más favorable mientras más cerca se encuentren de su culminación, es decir, del punto más alto que vayan a alcanzar sobre el horizonte, ya que así su luz tendrá que atravesar menos espesor de atmósfera. De aquí la conveniencia de una buena planificación temporal de la lista de objetos a observar.

Debemos iniciar la observación con combinaciones de ocular/telescopio de bajo aumento de forma que se nos facilite la localización del objeto, para una vez centrado empezar a observarlo con oculares más potentes, hasta encontrar la combinación más adecuada al objeto en cuestión.

Para el caso de objetos muy débiles, los aficionados suelen emplear la técnica de la “visión periférica”, consistente en no mirar directamente al objeto sino desplazar la mirada levemente hacia un lateral del mismo, de modo que su imagen se forme en zonas de la retina más sensibles a la luz que el punto central. También se mejora a veces la nitidez y contraste del objeto observado haciéndolo vibrar levemente mediante unos suaves y pequeños golpes en el cuerpo del telescopio, debido a la sensibilidad del ojo hacia el movimiento.

Para aumentar las posibilidades de observación de objetos de cielo profundo desde zonas urbanas se suelen utilizar filtros “anticontaminación lumínica” denominados genéricamente CLS (City Light Supressor) ya que reducen el paso de los componentes de la luz blanca emitidos normalmente por las luces que iluminan las vías de las ciudades.

En cielos oscuros se puede buscar mejorar la observación de nebulosas aumentando su contraste mediante filtros específicos como los Oxígeno III o Hidrógeno-β.

Es necesario preparar con antelación la lista de objetos que queremos observar durante una sesión. Para ello necesitaremos conocer la situación de los mismos a lo largo de la noche, sus horas de culminación, etc. Se puede encontrar un mapa estelar específico para una ubicación, fecha y hora dadas, y que señala los objetos del catálogo Messier de la zona del cielo visible en ese momento, en la web de la revista Sky & Telescope: https://skyandtelescope.org/interactive-sky-chart/

Se puede realizar un recorrido por los objetos contenidos en una misma constelación, de forma que no tengamos que estar moviendo continuamente el telescopio para apuntarlo a zonas muy diferentes del cielo.

Finalmente, es conveniente realizar anotaciones sobre nuestras impresiones al observar un objeto, facilidad de localización, visibilidad, aspecto, etc., datos que sin duda nos serán de utilidad a la hora de planificar futuras sesiones de observación.