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La observación de la Luna

La Luna es nuestra compañera cósmica, el astro más grande y brillante del cielo nocturno y el más cercano a la Tierra; está tan cerca que para expresar su distancia a nosotros aún podemos emplear los kilómetros, en vez de otras unidades de medida astronómicas como los años·luz. Es también fuente de innumerables mitos y leyendas en las más antiguas culturas, origen de los calendarios mensuales y primera responsable de las mareas. Se han mantenido debates sobre su efecto directo en la mente humana o los partos (nada de esto demostrado) y para muchos está rodeada de un aura de misterio. En estos párrafos analizaremos algunos consejos para su observación como aficionados.

La órbita que la Luna sigue alrededor de la Tierra no es una circunferencia sino una elipse, por lo que la distancia a nuestro planeta es variable y presenta mínimos y máximos. Como resultado, su tamaño aparente cambia en el cielo si lo comparamos en el punto de máximo acercamiento (perigeo) frente al más lejano (apogeo), aunque no es fácil percibirlo a simple vista. La luna del perigeo presenta ante nuestros ojos un mayor tamaño, y cuando ese momento coincide con la fase de luna llena, tenemos lo que popularmente se conoce como una “superluna”.

Superluna (elcorreo.com)

Superluna (elcorreo.com)

No es muy conocido el hecho de que cada fase lunar tiene siempre su propio horario, que se mantiene regularmente. Esto es debido a que, por definición, las fases lunares se originan en cómo de iluminada vemos la cara que la Luna nos ofrece, y ello a su vez depende de las posiciones relativas entre los tres astros: Luna, Tierra y Sol, siendo las de estos dos últimos las que a su vez definen nuestro horario, la noche y el día. Así, la luna en fase llena es la única que responde al tópico generalizado de que la luna sale de noche, al ponerse el Sol, y se pone al amanecer, como si fuera un astro únicamente nocturno, en contraposición al Sol. Las otras fases se comportan de forma diferente: la luna en cuarto creciente sale al mediodía, nos acompaña toda la tarde y primeras horas nocturnas, y se pone a la medianoche. El cuarto menguante presenta un comportamiento inverso: sale a la medianoche y esté en el cielo de madrugada y durante la mañana, poniéndose al mediodía.

A simple vista, lo que podemos distinguir en la superficie de la Luna son zonas más claras y brillantes junto a otras más oscuras. El patrón es siempre el mismo debido a que la Luna siempre ofrece hacia la Tierra la misma cara, debido a que el tiempo que invierte en la rotación sobre su propio eje es exactamente el mismo que el que tarda en dar una vuelta completa alrededor de nuestro planeta. Esta coincidencia se debe no a una casualidad, sino a un fenómeno físico perfectamente explicable denominado “acoplamiento de marea”.

La Luna ocupa en el cielo un diámetro aparente de aproximadamente medio grado de ángulo (el real es de 3.480 km), casi idéntico al aparente del Sol, y esto sí que es una casualidad. Gracias a ella se producen los eclipses solares tal como los conocemos. A pesar de lo brillante que nos resulta una luna llena, su albedo o cantidad de luz que refleja del Sol es sólo el 7% de la que recibe, debido a la coloración oscura de los materiales de su superficie.

Mares lunares (Astroalcalá, Sociedad Einstein de Astronomía)

Mares lunares (Astroalcalá, Sociedad Einstein de Astronomía)

Las zonas más oscuras que vemos a simple vista son denominadas “mares” si bien en la Luna no existe agua líquida en su superficie. Esas áreas o cuencas proceden de inundaciones de lava volcánica muy extensas, debidas al afloramiento del magma interior en un pasado muy lejano, y provocadas por el impacto de grandes meteoros sobre el suelo lunar; actualmente la actividad volcánica en la Luna es prácticamente nula.

Las zonas más brillantes o tierras altas son áreas a las que no llegaron esas inundaciones de lava basáltica, por lo que conservan las huellas de impactos tanto muy antiguos como más recientes. La ausencia de atmósfera, agua, vegetación y movimientos tectónicos hace que cualquier huella de impactos sobre la Luna, incluidas las de nuestros astronautas, sean prácticamente perennes.

Si miramos a la Luna a través de un telescopio, como hizo por primera vez Galileo en 1610, se nos hacen visibles innumerables cráteres de todos los tamaños. Su origen es casi siempre debido a impactos de meteoros: la ausencia de atmósfera hace que cualquier partícula sea grande o pequeña que se dirija hacia la Luna acabe estrellándose sobre su superficie, al contrario de lo que pasa en la Tierra en la que nuestra atmósfera nos hace la función de pantalla protectora.

Los cráteres pertenecen a épocas muy diferentes y se superponen unos a otros en función de su antigüedad. A veces presentan un pico central debido a la onda de choque rebotada que se produce en la roca fundida, calentada por la violencia del impacto, a veces tan grande que se originan auténticas cordilleras montañosas en el borde del cráter.

Cráteres lunares (astronoo.com)

Cráteres lunares (astronoo.com)

Contrariamente a lo que muchas personas creen, la Luna llena es el peor momento para observar la geografía lunar debido a que en esa fase el Sol cae verticalmente sobre la faz que la Luna nos muestra y en ese momento desde la Tierra no podemos observar casi ninguna sombra en su superficie. Las sombras son las que nos permiten observar con gran nitidez, por contraste, los volúmenes e irregularidades existentes en la superficie: el borde de los cráteres, montañas, grietas, etc. Y esas sombras se perciben con mucha más claridad a lo largo de la línea que llamamos “terminador”, que es la que separa de polo a polo lunar la parte iluminada por el Sol de la oscura. Por ello las fases creciente y menguante son las elegidas para la observación de los accidentes lunares.

Sombras en el Terminador (observatorio.info)

Sombras en el Terminador (observatorio.info)

Como el terminador cambia de posición de una noche a otra a medida que cambia la fase, cada noche tenemos la oportunidad de observar un juego diferente de accidentes lunares, presentando cada uno de ellos un momento óptimo específico para su visualización dentro del ciclo lunar.

El astrónomo Charles W. Wood publicó en el número de abril de 2004 de la revista Sky & Telescope un catálogo de 100 objetos de interés en la Luna, denominado “Lunar 100” que según su opinión serían los de mayor interés para su búsqueda en el mapa lunar por un astrónomo aficionado.

El mapa Lunar 100 (skyandtelescope.org)

El mapa Lunar 100 (skyandtelescope.org)

Esta lista se puede encontrar, entre otros muchos sitios, en la Wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Lunar_100

En la fase de luna llena, nuestro satélite se sitúa al lado opuesto de la esfera celeste con respecto al Sol. Al estar situada la Tierra entre ambos astros, el cono de sombra de nuestro planeta podría cubrir la Luna y en vez de luna llena tendríamos una luna eclipsada. La razón de que ello no ocurra una vez cada 29 días y medio (ciclo lunar) es que los tres objetos no se alinean en una recta perfecta a causa de la ya mencionada inclinación de 5° de la órbita lunar, que la hace situarse la mayor parte de las veces más arriba o más abajo que nuestra sombra. Pero periódicamente sí que se produce una alineación más perfecta y durante unas horas la luna es parcial o totalmente cubierta por la sombra terrestre, originando así un eclipse de luna o “luna de sangre” como a veces se le conoce popularmente.

Al desplazarse la Luna a través de la banda eclíptica, oscilando arriba y debajo de la misma debido a la inclinación de unos 5° de su órbita con respecto a ella, es frecuente que se “encuentre” tanto con estrellas pertenecientes a las constelaciones zodiacales (por ejemplo Régulo en Leo, Antares en Scorpio, o Spica en Virgo) como con los planetas del sistema solar ya que todos ellos se mueven también en dicha banda celeste. Ello origina bellas estampas para el astrónomo aficionado (y para el público general) al producirse en el cielo esos acercamientos entre la Luna y uno de estos astros brillantes.

Históricamente una de las efemérides más buscadas por los aficionados a la observación lunar ha sido el fenómeno de las ocultaciones de planetas o de estrellas relevantes por parte de nuestro satélite natural, que al estar mucho más cerca que ellos y moverse más deprisa sobre el fondo lejano de la esfera celeste, al coincidir en el mismo punto aparente del cielo provoca que dejemos de verlos temporalmente, al superponerse sobre ellos por completo. 

Ocultación de Marte por la Luna (Astroalcalá)

Ocultación de Marte por la Luna (Astroalcalá)